Así se hizo: «Inundación: El despertar»

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PROCESO DE CREACIÓN

Inundación: El Despertar nació hace muchos años, cuando con 17 años comencé a escribir una novela en la que mezclé ninjas, vampiros, muchos tiros y humor gamberro. Aparte de quedar inacabada, el conjunto no dejaba de ser un relato algo infantil y de poca calidad, que terminó en el fondo de un oscuro cajón.

Bastantes años después decidí retomar la novela, pero dándole una vuelta completa. Me pregunté: ¿qué pasaría si apareciese una oscura amenaza una ciudad de la que no se pudiese huir, una ciudad, por ejemplo, situada bajo el mar?

Le di un trasfondo apocalíptico (tan recurrente en mí) y comencé a reescribir la novela desde cero, dándole un toque más serio y policiaco. La historia ya no se parecía en nada a la original (antes el protagonista era un ninja y ahora era un policía), pero de nuevo me atasqué a mitad de su desarrollo y volvió al cajón.

Un buen día (no recuerdo qué me inspiró exactamente) me vino a la cabeza una idea que no sólo me solucionaba el final de la trama sino que cambiaba por completo el concepto de la novela. Una idea que sorprendería al lector…

 

¡Atención spoiler! No pulses si no has leído la novela
¿Y si todo lo que creemos real no lo es?
¿Y si la realidad que vivimos es un sueño del que despertamos de pronto?
Y la pregunta más transcendental: ¿y si el amor de nuestra vida desaparece porque no es real?

Ahora tenía el final de la trama y únicamente me quedaba retocar lo escrito y rellenar lo que faltaba. Tenía entre manos una novela con la que, si era capaz de encajar todas las piezas, podía sorprender al lector.

Pero, de nuevo, me bloqueé. Algo fallaba en el conjunto y me impedía rellenar las partes que me faltaban con la calidad suficiente para ser publicado. Hasta que en el verano de 2014 comprendí cual era el problema.

Siempre me había planteado Inundación: El Despertar como una novela de extensión media, entre ochenta y noventa mil palabras y ese estaba siendo mi gran error. Para dar a la historia el dinamismo que requería y que el lector no se aburriese y se perdiese dentro del argumento, éste debía ser más corto. Tenía que ser una novela corta, unas cincuenta mil palabras, que atrapase al lector en cada capítulo y sin incluir capítulos que no aportasen nada a la trama. Y lo más importante, el desenlace de la historia tenía que estar a la distancia justa para que el lector no perdiese el interés antes de llegar a él.

Con esa idea repasé la novela, la estructuré de nuevo y escribí lo que faltaba.

Se terminó sola.

Ahora tú, como lector, eres el que mejor puede valorar si el resultado final es el que yo buscaba conseguir.

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